Representa el final de un conflicto o de una etapa de enfrentamiento. Marca el momento en que la batalla termina, ya sea porque el problema se resolvió o porque ha llegado el momento de dejar de luchar.


También representa la esperanza que aparece después de la dificultad. Indica que comienza un periodo en el que es posible recuperar la calma y dejar atrás aquello que provocó el conflicto.


Su significado está estrechamente relacionado con el VI de Espadas, ya que ambas cartas hablan de abandonar la confrontación para dirigirse hacia una situación más tranquila y estable.