Representa los demonios internos, los pensamientos que alimentan el sufrimiento y la oscuridad que nace de la propia mente. Marca situaciones donde el dolor no siempre proviene de lo que ocurre fuera, sino de la forma en que vivimos, interpretamos o revivimos una experiencia.


También señala el luto, la depresión real, el sufrimiento profundo y los procesos psicológicos que afectan gravemente el bienestar emocional. Puede indicar la muerte, tanto en su sentido literal como el final definitivo de una etapa, una relación o una forma de vivir.


Marca el momento en que es necesario enfrentar los propios miedos antes de que estos terminen dominando la realidad.